Los espíritus del verano siempre nos bendicen con un poco de sol y calor, incluso en Noruega.

El término “calor de verano” es relativo cuando hablamos de temperatura, pero no cuando se trata de experimentarlo. Así que no te envalentones y usa el protector solar: no importa a donde vayas, ¡porque puedes quemarte a 22 grados!

Para los turistas y los recién llegados, “un viaje a las islas de Oslo” suena como un plan que requiere mucho tiempo, y puede que no estemos seguros de si tendremos un hueco en nuestro horario estrictamente planificado para arriesgarnos a invertirlo en un “puede”. ¡Pero en realidad es un plan increíblemente accesible! Todo lo que tenemos que hacer es tomar un ferry desde la terminal de Aker Brygge. La primera isla en el camino se llama Hovedøya. El recorrido hasta llegar al primer destino del ferry, que sale cada 30 minutos, son alrededor de 7 minutos. En caso de que tengas un ticket de transporte público de Oslo (Ruter), el precio para viajar a cualquiera de las islas de Oslo está incluido. Ten en cuenta que no hay expendedores automáticos de estos tickets en las mismas islas, por lo que deberás comprarlos de antemano.

La isla de Hovedøya es pequeña: de una parte a otra no hay más de 800 metros, por lo que sus bosques, playas, prados, naturaleza e historia, todo lo encontrarás a una corta distancia a pie.

Hovedøya tiene una biodiversidad particularmente rica, con muchas especies tanto comunes como en peligro de extinción de plantas, musgos, líquenes y setas. Dado que alberga una vida vegetal diversa, también hay una gran riqueza de insectos. Muchas de las especies que necesitan veranos cálidos e inviernos suaves para sobrevivir tienen su límite norte en el interior del fiordo de Oslo. El suelo es particularmente fértil allí, lo que permite la proliferación de especies. Toda la isla es un área protegida y es el hábitat de especies que no se pueden encontrar en ninguna otra parte de Noruega.

Si tomas el camino principal a una de sus playas más grandes, encontrarás las ruinas del monasterio. En el período comprendido entre 1130 y 1150, se construyó allí una iglesia de piedra dedicada a San Edmundo. Cuando los monjes cistercienses llegaron aquí en 1147, lo tomaron y lo dedicaron a Santa María, y convirtieron la iglesia en un monasterio. En 1532, en la época de la Reforma, fue robado y quemado. Más tarde, se sacaron piedras del monasterio para la construcción de la fortaleza, y en el siglo XIX ya no quedaba mucho de la construcción original. En 1849 comenzó la restauración del monasterio, donde también se reconstruyeron parte de sus murallas.

 

 

Por encima de todo, Hovedøya es un lugar increíble para relajarse, y más cuando el clima está a tu favor. Te resultará fácil encontrar playas privadas románticas, así como las más turísticas, en las que hay más acción. No te pierdas un agradable paseo por la isla, toma un poco el sol y no seas tímido en darte un baño: puede parecer que está demasiado fría, pero merece la pena (¡una vez que consigues entrar!).

 

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Fuente: Say HI to Norway

Creado por: Patricia Benesiu